jueves, 25 de noviembre de 2010

El Encargado.

Escuchá el canto de los pájaros. Eso me dijo el Encargado que trabaja de 13 a 21hs.
Lo miré sorprendida. Lo concidero una gran persona. Lo aprecio mucho. Y sabe que me dijo la frase correcta en el momento indicado.
Nada fácil era lo que me recomendaba...Había que ser capáz de asilarse, de ser oasis en medio de la ciudad, de apreciar lo más sencillo y mágico como es la naturaleza.
El humo de su cigarro lo hacía más interesante aún. El diario atrapaba su visión, y mis ojos marrones recorrían su cara buscando alguna respuesta, señal para agradecerle, para que sepa mi agrado en compartir este pequeño caos de sensaciones y dudas, para hacerle saber que había logrado cambiar mi postura ante el laberinto.
En la calle de los indios, pleno Cordón, a las 16hs no hay mucho para hacer. Por lo menos en nuestros trabajos. Diferentes pero compartidos.
Partido era el que tendría que jugar yo, pensé. En ese instante no podía escuchar mucho -o no quería ¿?-, el motor dañado del coche azul me impedía prestar atención. Dicen que en casa de herrero, cuchillo de palo. Mientras que el hombre de pelo corto, y ropa formal solo remarcaba que ellos eran hombres grandes, y se acordarían cuando el árbitro González en el 80 había pitado aquella falta que dejaría a su equipo fuera del campeonato.
Mientras tanto yo sólo hacía ese tipo de muecas, esas sonrisas falsas que todos hacemos por formalidad y respeto en nuestros ámbitos laborales. Sentada en el suelo -porque me resulta más cómodo-, crucé las piernas tipo indio -inconcientemente queriendo formar parte ¿?-, respiré profundo unas tres veces como quién trata de ejercitar el arte de yoga, y me concentré con la mente en blanco. Blanca era la nube que andaba en el cielo gris. Eso que Nubel dijo que no llovería, pensé para mi. En ese momento, el celular. Lo adoro, y hasta le puse nombre:Felipe. Y era ese tipo de mensajes que a una le alegra el día, nos hace acelerar el corazón, sentirnos lindas y decir: es un amor!.
Pero no!...retomemos. Los indios estaban tranquilos. Yo no tenía gente para atender. Sólo era cuestión de respirar y dejarse llevar. Algo que nunca logro...y así estoy. Pero bueno, tomemos otra vez la respiración...om, omm, ommm.
¿Porqué no soy capáz de poner la mente en blanco, balancearme entre las cataratas de obligaciones y responsabilidades, de disfrutes y tranquilidades, elevar mi mente y solamente, respirar?
¿Porqué en este mundo capitalista, que es casi animalista y en gran parte parece una mujer ciclotimica, no soy capáz de ser socialista?
¿Porqué el tiempo nos atormenta, y pensar en nada nos alarma?
Sólo es cuestión de respirar y vivir. De dejarse llevar y disfrutar. De volar y amar.

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